EL TEIXU CENTENARIO DE MONTOVO


  El 20 de febrero de 2021 el árbol emblemático de Montovo cumplió tres siglos. Para celebrar y dar a conocer su origen a los visitantes, los vecinos colocaron ese sábado una placa conmemorativa. 

   El texo no es un árbol cualquiera, se trata de un árbol muy peculiar. Se dice de él que, es el único árbol que crece al revés y que en un texo han vivido cientos de texos. A diferencia de otras especies, crece de forma enmarañada y desordenada desde sus ramas hacia la raíz y de esta forma va regenerando y cubriendo su tronco. Su capacidad de regeneración es tal, que puede emitir brotes a través de sus yemas durmientes incluso en su grueso tronco. Ello le permite recuperarse y sobrevivir a los cortes y podas a las que ha sido sometido fuera del ámbito de protección que constituyen los recintos sagrados. El texo siempre despertó sentimientos enfrentados. A la vez que admirado y respetado, era considerado un árbol maldito, difícil de erradicar de las zonas de pasto, que mataba al ganado cuando la nieve se apoderaba de las brañas, escaseaba el alimento y era ingerido.

     El texo es un árbol casi eterno, siendo la especie más longeva de Europa y posiblemente de la Tierra. A diferencia de otros árboles, el corte de su tronco no nos indica su edad, ya que con los años pierde sus anillos y alrededor de su viejo tronco crecen muchos troncos desde sus ramas; a veces por su interior, cuando con el paso de los siglos se pudre tras haber sufrido una agresión externa, como la de un rayo. En su crecimiento desordenado, al llegar al tronco, sus ramas se refunden renovando la envolvente de su tronco. Por ello, la única referencia para determinar aproximadamente la edad de un texo es el diámetro que ha alcanzado su tronco. En este sentido, el texo de Montovo con sus 300 años tiene un perímetro de 4 metros, frente al de Cazorla en Jaen que tiene unos 2.000 años con un perímetro de 9,15 metros y el de Bermiego de unos 1.000 años y 7,70 metros de perímetro. 

    Su capacidad de adaptarse a casi cualquier clima, le permite resistir el frío intenso y sobrevivir siempre verde a cualquier altura, existiendo ejemplares incluso a más de 2.500 metros de altura. Sus hojas son igualmente longevas, viven unos ocho años, frente a los seis de las del pino o el laurel. Las primeras especies ya existían hace unos 200 millones de años, en el periodo Jurásico, y la variedad que se encuentra actualmente en Europa (taxus baccata), desde hace 100 millones de años. Esta especie ha sobrevivido a las glaciaciones y a los grandes cambios climáticos que llevaron a la extinción de muchas especies sin necesidad de seguir evolucionando. 

    También es peculiar su forma de reproducirse. Los texos tienen flores masculinas o femeninas. En el caso del de Montovo sus flores son hembras, resultan visibles a finales del invierno y su fruto madura a principios del otoño. No obstante, el texo es un árbol que con el paso de los siglos tiene la capacidad de cambiar el sexo de sus flores para adaptarse a los cambios climáticos. Con temperaturas más templadas y húmedas y suelos fértiles se favorecen ejemplares hembra, mientras que si las temperaturas son más frías o secas y el terreno es pobre suelen ser machos. Se han dado casos de ejemplares en los que una parte del árbol o una rama era de sexo distinto al del resto. 

    El texo es un árbol solitario que no suele formar bosques, dada la dificultad con la que se reproduce por medio de sus semillas. Su fruto tiene que ser ingerido por los pájaros y otros animales (zorros, jabalíes, tejones …), que expulsan la semilla junto con las heces. Esto contribuye no sólo a la dispersión de la semilla, sino que las prepara para su germinación, inhibiéndolas de su letargo al pasar por los jugos gástricos del estómago. En el invierno se le identifica fácilmente en el bosque por su verdor, que comparte con el acebos, el laurel, el pino y la hiedra. Es un árbol que en el invierno sirve de refugio para muchos animales por su follaje siempre verde en un ambiente caduco, aunque su sotobosque es escaso por el efecto tóxico de sus hojas sobre el suelo. En Montovo existen varios ejemplares diseminados por toda la parroquia. Donde más se dejan ver es en el valle Teixeu o paraje denominado Tejedo. Este discurre por ambos márgenes del reguero de Teixeu que nace en la Caranguina junto a la bobia de Pornacedo y desemboca en el río Pigüeña en las proximidades de Aguerina.

    El texo contiene en su corteza, hojas y semillas, un alcaloide denominada taxina, que en altas dosis paraliza el corazón provoca hipotensión, parálisis progresiva y muerte por colapso cardiorrespiratorio. Por ello, se utilizaba por los celtas para quitarse la vida o para envenenar las flechas de los cazadores, frotando la punta con sus hojas. No obstante, estas toxinas también sirven para dar la vida, ya que el taxol que se extrae de su corteza es uno de los fármacos anticancerosos más potentes que existen para combatir el cáncer de pulmón, al inhibir la división celular e impedir la mitosis. Además, se han llegado a identificar tres componentes (taxanos) en sus hojas y en la corteza que se usan para combatir hasta 14 tipos de cáncer, como los de ovario y mama. 

    Su madera es la más dura de las que hay en nuestras latitudes, la que mejor se conserva a la intemperie y la más resistente. Es muy apreciada para tallar piezas y mangos de utensilios, sobre todo por su dureza, duración, elasticidad, su color rojizo con un bonito pulimento que imita muy bien el ébano, la ausencia de resinas y sobre todo por resultar prácticamente imputrescible. Fue muy utilizada para fabricar arcos y ballestas, por ser esa la forma natural de sus ramas y por su flexibilidad. Esta función bélica realzaba el matiz mortífero del árbol. Además, es probable que el nombre latino del texo, taxus, se relacione con toxón, el nombre griego del arco, y con toxicón, el nombre griego del veneno con que estaban untadas las flechas.

     A pesar de su elevada resistencia y su alta capacidad de adaptación al medio, el texo por desgracia no es inmune a la acción humana. En la Edad Media, la producción de arcos flexibles y resistentes despobló Europa de texos. Posteriormente su efectividad contra el cáncer provocó la muerte de decenas de miles de árboles al quitarles la corteza, desapareciendo  en muchas zonas. En Asturias, fuera de los lugares sagrados, el texo no era bienvenido por su toxicidad para el ganado y se eliminaba de las zonas de pasto y de las sebes. Por ello, sólo se encuentran ejemplares silvestres en zonas rocosas y en valles poco accesibles. 

    El texo también es símbolo de la fertilidad por su capacidad para regenerarse y renacer de sí mismo, pero fundamentalmente es considerado el árbol de la oscuridad, de la penumbra y denominado por griegos y latinos “Árbol de la Muerte”. En la actualidad es el árbol funerario por excelencia. El texo representa el paso al otro mundo y por ello hoy goza este árbol de gran importancia en las celebraciones del día de los difuntos.

     Al ser un árbol de extraordinaria longevidad, prácticamente inmortal, ya las culturas megalíticas celtas lo consideraban un vegetal mágico, formando parte de muchos de sus rituales. Ello le daba un carácter místico que ha perdurado hasta nuestros días, al encontrarse bajo su cobijo primero los monumentos megalíticos de culto de las culturas celtas y posteriormente las iglesias, que en muchas ocasiones se construyeron en estos mismos lugares como estrategia del cristianismo para atraer a los paganos que acudían a venerar al árbol. En estos entornos de culto, al texo se le ve como el guardián del tiempo, un árbol que ve pasar la vida de sus moradores en un ritmo frenético de continuos cambios. Pese a ello, permanece sereno, inquebrantable, regenerándose continuamente. Esto es lo que ocurre con el texo de Montovo que se encuentra encima de la iglesia y su cementerio, donde ofrece su sombra y su protección frente a las inclemencias del tiempo y constituye lugar de reunión de los vecinos de Montovo en las distintas celebraciones religiosas o paganas.

    El texo de Montovo resulta excepcional porque es de los pocos de los que se conoce la fecha de su plantación y el nombre de quien la promovió. En el Libro de Casados y Difuntos de la parroquia de San Martín de La Iguarda (Miranda) se localizó una anotación, escrita por su párroco en el pergamino de sus tapas, donde dice:

    «Yo, Domingo de Alba de la Vega, natural de Quintana, cura de Leiguarda, he plantado un texo delante de la puerta de la Iglesia y lo hize la noche de Santa Oblalia del año de mil y setecientos y diez, y conociendo el gran adorno que era, envié al lugar de Fresnedo otro a mi costa, el 23 de Septiembre de mil y setecientos diez y nueve y también envié otro, a mi costa, al lugar de Montovo, concejo de Grado, el veinte de febrero de mil y setecientos y veinte y uno, que está junto a la posada de la Losa»

    De los tres texos donados, sólo ha llegado a nuestros días el de Montovo, el de Leiguarda y el de Fresnedo ya no se conservan. La fecha no fue elegida al azar, el 20 de febrero de 1721 la luna estaba en cuarto menguante, momento idóneo para la plantación de los texos y además coincidiendo con el inicio de la cuaresma, tiempo de regeneración de las almas.

    Este texo representa para los habitantes de Montovo el espíritu de su aldea que se alimenta de las cenizas de sus ancestros, el vínculo del lugareño con la tierra y con sus antepasados, testigo mudo de las celebraciones humanas, de la vida y la muerte, que con el tiempo se ha convertido en el símbolo de esta aldea y sus moradores.